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iPods y pérdida de la audición (estudio de investigación)

INTRODUCCIÓN

Escuchar música de rock a volúmenes altos ha contribuido a la pérdida de la audición en algunos músicos emblemáticos de los años sesentas. Es conocido el caso de Pete Townshend, guitarrista del grupo inglés The Who, quien sufre de sordera y tinitus, molesto zumbido que se presenta en los oídos, a causa de la exposición a los altos niveles de presión acústica de sus conciertos, y según admite él mismo, al elevado volumen con el que escucha la música a través de sus audífonos.

 

En parecida situación se encuentran entre otros, Brian Epstein, productor de The Beatles, el músico Sting, y es de esperarse que algo similar ocurra con una buena cantidad de músicos y profesionales que se dedican al audio en nuestro país.
Desafortunadamente el riesgo de pérdida de la audición no es privativo de los músicos y los profesionales del audio, ya que también puede estar presente en otras personas, como es el caso de los asiduos usuarios de aparatos de audio que emplean audífonos, en los que predominan los jóvenes.

En los equipos de audio portátiles, como el walkman o el reproductor de discos compactos, la música se escucha usualmente mediante audífonos que se insertan directamente en los canales auditivos. El uso de estos equipos ha permitido escuchar la música de manera personal y privada, pero también ha traído consigo la potencial exposición a elevados niveles de presión acústica que pueden resultar perjudiciales para los oídos. Con la aparición de los aparatos denominados iPods y otros reproductores de audio que utilizan formatos como el MP3, con los cuales es posible tener una gran cantidad de música almacenada, es previsible que aumente el riesgo de pérdida de la audición, debido a que la exposición a niveles altos de audio puede ser por periodos más prolongados.

La exposición a niveles de presión acústica elevados durante largos intervalos de tiempo puede ocasionar pérdida de la audición o sordera, la cual se produce debido a la destrucción de las células ciliadas que se encuentran dentro de la cóclea, delicado mecanismo del oído interno encargado de convertir la energía sonora en señales eléctricas que se transmiten al cerebro, dando lugar a la audición. [1] Inicialmente, la pérdida de la audición puede ser sólo temporal, volviendo a la normalidad después de algunas horas o días. Sin embargo, si la exposición ocurre de manera repetida, el mecanismo de la audición perderá su habilidad para recuperarse, resultando en una degeneración auditiva permanente, siendo el daño irreversible. En ocasiones también pueden presentarse molestias como el tinitus.

En diferentes referencias [2,3,4] se advierte, principalmente por parte de audiologos y médicos, acerca del riesgo que representa escuchar música a volúmenes elevados, a través de los audífonos que emplean los equipos de audio portátiles, ya que se puede ocasionar una forma de pérdida de la audición inducida por ruido.

Especialmente los jóvenes usuarios de estos equipos que tienden a aumentar el volumen de sus equipos, considerando quizá que ciertos géneros de música sólo se pueden disfrutar escuchándolos a niveles sonoros altos, no se percatan que se están causando un daño, pues la pérdida de la audición inducida por ruido se desarrolla de manera lenta e insidiosa, manifestándose cuando es demasiado tarde.

Cuando una persona está expuesta a sonidos fuertes durante periodos largos de tiempo, los síntomas de pérdida de la audición inducida por ruido aumentan gradualmente. Con el tiempo, los sonidos que una persona escucha pueden percibirse distorsionados o atenuados, y puede ser difícil para la persona entender las conversaciones. Estudios recientes muestran también que la exposición a niveles de ruido perjudiciales provoca la formación de radicales libres dentro del oído, que dañan las células ciliadas, produciendo pérdida de la audición inducida por ruido y tinitus [1]. Una persona con pérdida de la audición inducida por ruido puede no ser consciente de la pérdida, pero ésta puede ser detectada mediante una audiometría, estudio que permite evaluar la agudeza auditiva a diferentes frecuencias.

A fin de prevenir la pérdida de la audición inducida por ruido, es conveniente evitar la exposición a niveles sonoros que resultan peligrosos o reducir el tiempo de exposición. Algunos organismos relacionados con el cuidado de la audición [1] sostienen que los niveles sonoros que exceden 85 dBA resultan riesgosos. Es posible también tomar como referencia los niveles máximos permisibles de exposición a ruido en ambientes laborales que se establecen en la norma oficial mexicana NOM-011-STPS-2001 “Condiciones de seguridad e higiene en los centros de trabajo donde se genere ruido” [5]. Esta norma estipula un nivel de exposición a ruido (NER) de 90 dBA para un tiempo máximo permisible de exposición (TMPE) de 8 horas, reduciendo el tiempo de exposición a la mitad cada vez que se tiene un incremento de 3 dBA, incremento que equivale a duplicar la energía, por lo que para un nivel de 93 dBA se permite un tiempo de 4 horas y para un nivel de 105 dBA sólo es aceptable un tiempo de 15 minutos.

“…CONTINÚA TEXTO…”

Autor: Ilhuicamina Trinidad Servín Rivas
Academia de Acústica, Departamento de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica, ESIME Zacatenco, IPN, México D.F.
Teléfono (55) 5729-6000 ext. 54616, e-mail: JLIB_HTML_CLOAKING

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